Cabeceros hospitalarios: en qué consisten

La medicina actual mantiene se mantiene en un proceso de mejora continua para asegurar soluciones de compromiso entre el bienestar del paciente y la efectividad del médico en el desempeño de sus funciones. El punto que vamos a tratar en este artículo son los cabeceros hospitalarios.

Una prueba de este desarrollo permanente la podemos observar en las camas de los hospitales, diferenciadas en función del tipo de paciente que las va a utilizar y de la especialidad médica o planta a la que se deriva el enfermo. No es igual una cama de la planta de pediatría que una propia del servicio de traumatología, por poner ejemplos dispares.

Otro tanto podemos decir de los cabeceros hospitalarios, que no son el equivalente a los cabeceros de una cama. Si no son parte de la cama, ¿en qué consisten los cabeceros hospitalarios?

¿Qué es un cabecero hospitalario y para qué sirve?

Un cabecero hospitalario no es lo mismo que el cabecero de la cama de hospital. Cuando hablamos de cabeceros de hospital nos estamos refiriendo a esas estructuras, dispuestas en horizontal o vertical, adheridas a la pared y situadas sobre la zona del cabecero de la cama o cercanas a un lateral de esta.

Son esos dispositivos que el paciente utiliza para avisar a enfermería si hay algún problema, los mismos que iluminan de manera indirecta por si alguien debe entrar o salir de la habitación.

Se trata de estructuras con numerosas tomas para realizar diferentes funciones: tomas de gases, tomas eléctricas y tomas de datos, deben estar ahí por si fuera necesario su uso.

Los cabeceros hospitalarios más sofisticados suelen ser los que se emplean en las unidades de cuidados intensivos y en las salas de reanimación, aunque es extraño ver una cama de hospital que no tenga cerca su correspondiente cabecero hospitalario, individual o compartido.

Cabeceros hospitalarios

Un verdadero equipo informático

Podría parecer que el cabecero hospitalario consiste en una serie de enganches para la utilización de aparatos eléctricos y de diagnóstico, un poco de iluminación, a veces un reconocedor de voz y una salida para el gas enriquecido en oxígeno. Nada más lejos de la realidad.

Dentro de esa caja, que parece empotrada o adherida a la pared, a veces decorada para hacer más llevadera la estancia al paciente, se integra un sistema complejo que se somete a revisiones y mejoras constantes.

Lo verdaderamente complejo, el desafío tecnológico, es ofrecer equipos que puedan ser utilizados por pacientes en diversas condiciones, en general bastante malas. Habrá pacientes capaces de avisar a una enfermera presionando un botón o elevando una mano hasta que la detecte un sensor de infrarrojos, pero otros muchos no serán capaces de hacer tal cosa: intubados, sedados, personas amputadas o pacientes que deban permanecer completamente inmóviles.

Sin embargo, todos ellos precisan de esa atención inmediata en caso de necesidad y son merecedores de la tranquilidad que supone saber que hay alguien a escasos metros que se presentará en segundos ante una situación de emergencia. Hablamos del sistema de llamada paciente enfermera.

Instalados dentro del cabecero hospitalario, lo habitual es poder elegir entre diferentes procedimientos dependiendo del tipo de paciente. La perilla con el pulsador es una buena solución para una buena parte de los pacientes y, en el caso de los más impedidos, para aquellos en vigilancia continuada, bien por parte del personal sanitario, bien con la colaboración de algún cuidador.

Sin embargo, también se necesita ofrecer otras soluciones como la activación por voz. Estos sistemas más sofisticados, por la necesidad de distinguir voces y ruidos normales de una llamada real, pueden ir acompañando o no del sistema más clásico de llamada. El hospital o la clínica decide, dependiendo de su presupuesto y del número de plazas, cuántos cabeceros hospitalarios de cada tipo, básico o avanzado, serán necesarios en todo el centro, realizándose el cálculo siempre con un margen de seguridad a favor de los llamados sistemas ADVANCALL.

Al fin y al cabo, siempre es mejor contar con tomas o funciones que no se van a utilizar a no poder atender de manera adecuada a algún enfermo en caso de imprevistos como puede ser una emergencia sanitaria o un desastre natural. En eso consiste el llamado sobredimensionamiento, que en el caso de los cabeceros hospitalarios no tiene que ver con el número de tomas o el caudal máximo de flujo de gas permitido, sino con la parte de hardware que se encarga de la llamada enfermera-paciente.

Los cabeceros hospitalarios no forman parte de las camas de hospital, sino que son estructuras que se colocan anexas a ellas, para asegurar la comodidad del paciente y un desempeño más eficiente de las funciones por parte del personal sanitario. Permiten, por ejemplo, no tener que desplazar la cama hasta una sala para realizar ciertas pruebas diagnósticas, dando la opción de acercar el dispositivo médico a donde se encuentra el propio paciente y conectarlo in situ.

Pero lo más importante de los cabeceros hospitalarios es la forma en la que consiguen asegurar la llamada paciente-enfermera a cualquier enfermo, tanto los que están en planta como aquellos que se encuentran en UCI o en una sala de reanimación. Por tanto, los cabeceros de hospital son mucho más que un elemento físico más o menos integrado con el diseño de la habitación.

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